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La Bastida, pasado, presente y futuro

Hace 4200 años, durante la Era del Bronce, se produjo un cambio fundamental en el comportamiento humano. Los pobladores de estas tierras del Sureste Peninsular pasaron de ser nómadas recolectores a agricultores sedentarios. Se hizo necesario adaptar los usos y costumbres de la vida nómada al sedentarismo y ello indujo el desarrollo de una nueva forma de asentamiento humano que hoy llamamos “ciudad”. Se tuvieron que desarrollar entonces, las bases del comportamiento social que han llegado hasta nuestros días, como la especialización del trabajo, sepultar a los muertos o la división social entre gobernados, gobernantes, militares y sacerdotes que todavía hoy continúan siendo las especializaciones que caracterizan a cualquier sociedad humana sedentaria. También en este momento aparecieron conceptos como pobreza y riqueza, inexistentes cuando éramos nómadas.

Llegado ese punto, sabemos que la congregación humana más grande acreditada en Europa, cuando se acuñó el concepto de “ciudad” fue lo que hoy conocemos como La Bastida de Totana. Es en ese momento de nuestra evolución como especie inteligente, cuando se forjaron algunas de las leyes no escritas que rigen nuestro comportamiento social, al que todavía hoy se someten todas las relaciones humanas.

La Bastida fue la primera gran metrópoli conocida, en lo que hoy llamamos Europa. A pesar de ello, durante siglos, ha ocultado su verdadera dimensión y ha sido muy recientemente, cuando su aportación al conocimiento ha cobrado la extraordinaria relevancia de la que nunca tuvimos conciencia.

Como siempre en la vida, hay que dar las gracias a aquellos que con su esfuerzo y constancia han sido capaces de alcanzar los frutos del saber y presentarlos, cual caja de frutas en un mercado, para que el común de los mortales podamos apreciarlos, percibir su aroma y asimilar sus nutrientes en forma de conocimiento.

En el caso de La Bastida, el numeroso y multidisciplinar equipo capitaneado por D. Vicente Lull Santiago y D. Rafal Micó Pérez, tutelado por la Universidad Autónoma de Barcelona ha sido capaz de aflorar, durante sus 14 años de trabajo investigador, parte de los secretos que esta primitiva “ciudad” escondía al conocimiento universal y especialmente a los Totaneros que durante siglos convivieron con un patrimonio de incalculable valor, sin percatarse jamás del inmenso tesoro que yacía bajo sus pies. Me pregunto ¿Cuantas cosas de las que hoy caracterizan a nuestra querida ciudad tendrán su origen en La Bastida? Quizás la alfarería o subespecies vegetales endémicas de esta tierra, seguramente cultivadas por aquellos primitivos agricultores. Sirvan como ejemplo las mundialmente conocidas “alfalfa totanera” o la “calabaza totanera” cuyos cultivos son originarios de lo que hoy llamamos “Saladares de Totana” que en su día eran planicies que periódicamente se colmataban, como consecuencia de los aportes hídricos que durante miles de años la Sierra de Espuña, mediante las ramblas de Lebor y La Santa o el rio Espuña canalizaron hacia la planicie, donde se filtraban hasta desaparecer o en ciertos momentos, colmatando el acuífero del Saladar que no es, ni más ni menos, que un profundo vaso. Tener el nivel freático tan cercano a la superficie permitía a estos primitivos agricultores cultivar sin regar, por otro medio que no fuesen las lluvias. Topónimos que han llegado hasta nuestros días como El Balsón de Guillén, Las Flotas o La Ñorica corroboran que esto fue así hasta los años 70 cuando la sobreexplotación de las aguas fósiles de El Saladar hizo, casi desaparecer esta gran reserva hídrica. Pero el más importante legado que nos dejaron los prehistóricos moradores de estas tierras fue una primitiva organización social que inexorablemente ha llegado hasta nuestros días clasificando a los seres humanos según su poder y riqueza.

Los totaneros, tenemos la responsabilidad de conocer, preservar y difundir la civilización más primitiva que habitó estas tierras y de la que surgió la más importante “ciudad” de su tiempo, en Europa. Fue en esta civilización conocida como Argárica donde germinó la organización social que hoy tenemos y que algún día, con el esfuerzo de todos, será reconocida mundialmente como lo que ya es, un Patrimonio de la Humanidad.

José Munuera Lidón

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